"...Y allí arriba, en la soledad de la cumbre, entre los enhiestos y duros peñascos, un silencio divino, un silencio recreador..."(Miguel de Unamuno)


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Instantes


 




TODAS las cosas tienen un instante de intersección con nuestra alma. Sólo entonces las poseemos, sólo entonces las conocemos verdaderamente […] Al revivirlas y, ay!, al intentar recordarlas, también, cuantas más razones añadimos a su evidencia, más empequeñecemos su revelación […] Nadie ha logrado contemplar un recuerdo en el instante justo de su nacimiento. Pero, a veces, no comprendemos la belleza del cielo sino al mirarlo reflejado en un estanque.[…]
 
Sí, a veces caminamos y caminamos en una tarde tranquila […] Quizás no hemos notado el cielo puro en el instante en el que se quiebra el mediodía en la frescura de la tarde y es como si la luz se humedeciera. Y sin motivo alguno nos detuvimos al borde de una fuente […].Y allí, precisamente allí, sobre la faz del agua, vemos el cielo reflejado inesperadamente y comprendemos su hermosura. De pronto, no ya al ver, sólo el mirar es un milagro. Y entonces levantamos los ojos campeadores, agradecidos, empañados. Ahora la gratitud del alma, puesta sobre los ojos, les resta certidumbre, les induce a ceguera.
  
Sí, a veces, también, caminamos y caminamos en la vida sin sentir que las alas del ángel nos alegran la soledad. Quizás en la medida en que es más honda, más generosa, la compañía se nos convierte más en soledad. Entonces no comprendemos que vivimos, no comprendemos la dolorosa belleza de la vida. Pero de pronto nos detenemos al borde del recuerdo, sobre la faz del corazón, y sentimos como el rumor de un vuelo en torno nuestro. Son las alas que van uniendo y entrelazando, durante toda nuestra vida, lo enaltecido con lo inerte. Las sentimos como un vuelo de abejas vivas, conciliadoras. Y todas las cosas encerradas y reflejadas en nuestro corazón empiezan a dar flor […]

(Rosales 2010: págs. 601-603)






 

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