"...Y allí arriba, en la soledad de la cumbre, entre los enhiestos y duros peñascos, un silencio divino, un silencio recreador..." (Miguel de Unamuno)


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miércoles, 31 de agosto de 2016

El claro del bosque ...




Bosque de hayas, El Faedo. Ciñera de Gordón



"El claro del bosque es un centro en el que no siempre es posible entrar... 

Desde la linde se le mira y el aparecer de algunas huellas de animales no ayuda a dar ese paso. Es otro reino que un alma habita y guarda. Algún pájaro avisa y llama a ir hasta donde vaya marcando su voz. Y se la obedece; luego no se encuentra nada, nada que no sea un lugar intacto que parece haberse abierto en ese solo instante y que nunca más se dará así. No hay que buscarlo. No hay que buscar. Es la lección inmediata de los claros del bosque: no hay que ir a buscarlos, ni tampoco a buscar nada de ellos. Nada determinado, prefigurado, consabido…"

María Zambrano, Claros del bosque.




sábado, 22 de agosto de 2015

Cuánta belleza

 
 
 


 
 
QUE haya adquirido la costumbre el alba
de venir cada día
desde las fuentes puras del asombro
y en la orilla del cielo ir levantando
-despacio y muy deprisa-
su árbol frágil y esbelto de luz tierna
y arreboladas hojas,
¿no es prueba suficiente
de que vivimos en un mundo mágico?
 
Eloy Sánchez Rosillo
 
 


Bosque de hayas, El Faedo. Ciñera. La Pola de Gordón (León).




 

jueves, 8 de agosto de 2013

En el bosque




Bosque El Faedo, Ciñera (León)


"Si dudas de Dios, deja los libros y vete a los bosques"

 San Bernardo de Claraval,  monje cisterciense.
 

  
El Faedo (detalle)
 

Cuando frecuentaba el bosque de pequeña, me decían que una serpiente podría picarme, que podría coger una flor venenosa o que los duendes me podrían raptar, pero continué yendo y no encontré sino ángeles, mucho más tímidos ante mí de lo que yo pudiera sentirme ante ellos.
Emily Dickinson


 

 
Juan Sebastián Bach. Adagio  in D minor.

¡Maravilloso!
 

 
 

domingo, 30 de septiembre de 2012

jueves, 7 de junio de 2012

El Faedo, un bosque encantado






El Faedo es un pequeño bosque situado en Ciñera de Gordón, en la Montaña Central Leonesa, dentro de la reserva de la Biosfera del Alto Bernesga ( municipios de Pola de Gordón y Villamanín).

El topónimo "Faedo" deriva del nombre latino fagus = haya y el sufijo abundancial -etum, que dio la terminación -edo. La conversión de /f/ en /H/ fue habitual en el castellano a partir del siglo XV, pero no en las hablas asturiana y leonesa, a las que pertenece el vocablo "faedo" que significa hayedo.





En 2007, a instancia del AMPA del colegio público San Miguel de Ciñera, le fue concedido al bosque "El Faedo" el premio "Bosque mejor cuidado de España", otorgado por el Ministerio de Medio Ambiente y la asociación Bosques sin Fronteras, lo que supuso un reconocimiento a nivel nacional de la labor llevada a cabo, durante años, por los vecinos del pueblo de Ciñera, que desde la asociación ADELFA (Amigos del Faedo) velan por el mantenimiento y la conservación de esta pequeña joya.
Es un bosque de hayas, con formas caprichosas, atravesado por arroyos cristalinos.
Pura Naturaleza.

Me sumo a las palabras del autor del vídeo (desaparecido y sustituido):

"Es un bosque fascinante y mágico. Mi video es una pequeña muestra de su gran belleza, pero hay que pisarlo para poder admirar su encanto, escuchar su melodía y respirarlo. Es naturaleza en estado puro; un auténtico regalo".






El bosque cuenta con un ejemplar de haya que ha contribuido a aumentar la fama de este rincón; se trata del árbol conocido como "Fagus", que, según los científicos, cumplió 500 años en 2008. Es, probablemente, el haya más longevo de la Península, y unido a su extraña forma, justifica que fuera seleccionado para aparecer en el libro "Árboles, leyendas vivas", donde se reseñan los ejemplares más relevantes del país. El "Faedo" y "Fagus" se codean con árboles como el Drago de Tenerife, considerado el árbol más cuidado del mundo.




Todo bosque tiene una leyenda, y esta es la leyenda de El Faedo:


La bruja Haeda


“Hace muchos años, cuando aún los hombres vivían al aire libre y los inviernos eran crudos y muy largos, vivía en el Faedo una bruja llamada Haeda. Tenía poderes sobrenaturales que le había otorgado el demonio, que le advirtió que debía utilizarlos para hacer el mal, pues si no era así, se consumiría en tres días y desaparecería (…) Un día de duro invierno, Haeda estaba sentada (…) y vio a unos padres que no podían resguardar a sus hijos del frío. Usando sus poderes arrancó un montón de piedras de la montaña y las prendió fuego, se pusieron rojas y chispeantes (…) y duraron prendidas toda la noche, (…) los padres y sus hijos durmieron toda la noche calentitos. A la mañana siguiente vieron un montón de ceniza que no sabían de donde provenía. (…) Haeda les ayudó de igual manera al dia siguiente, pero pensó que el invierno era muy largo y que tendría que hacer algo. (…) Juntó las últimas fuerzas que le quedaban e hizo que todas las montañas del valle se llenaran de piedras que se prendieran y dieran calor. Así vinieron muchas familias que fundaron un pueblo sobre las cenizas de Haeda y le llamaron Ciñera. Desde entonces ningún niño pasó frío por las noches. Se dice que la bruja buena se fue a morir al Faedo y dejó los mechones de pelo blanco entre las hayas. Ahora, los niños de Ciñera van al Faedo de merienda y juegan bajo la protección de Haeda, que vela para que no falte nunca el carbón”.


  Josefina Diaz, vecina de Ciñera, abuela y escritora de cuentos