Sus ricos fondos la convierten en la primera colección española de Asiriología y en una de las más importantes del mundo. Según su director, la finalidad del IBO es “indagar en los fundamentos de la cultura occidental. Porque allí, en Oriente, vemos nacer y crecer la cultura mucho antes que la tradición grecolatina. Es decir, hay que ir a Anatolia, a Egipto, a Mesopotamia para llegar a las fuentes de nuestra cultura; ahí están nuestros parientes más antiguos. De hecho, allí nacen la escritura, la astronomía, la botánica, la medicina, la escuela, el matrimonio… Allí están las líneas maestras del pensamiento sobre el hombre y su mundo”.
También la Biblia “ha influido en materias esenciales para el pensamiento occidental, como el arte, la política o el derecho” y, en ese sentido, es “el acopio de los fenómenos gestados en el Oriente Antiguo”. Ambos conceptos “no pueden entenderse por separado al buscar las grandes cuestiones”, sin ellos “no podríamos entender nuestro mundo”, porque “nos explican a nosotros mismos, nos dan razón de nuestra existencia”.
Vive en Aleje, un pueblo de la montaña de León, perteneciente al Ayuntamiento de Crémenes, y reivindica la cultura rural:
"Trato de ser fiel al lugar de nacimiento y a la tradición familiar. Me acompañan, me inspiran, me siguen educando y me sostienen las montañas que me vieron nacer. Me son fieles y les soy fiel. Y no puedo ni apartarme ni renegar de la tradición familiar: "Los Capellanes" e "hijo de Maestro". Así me entiendo como sacerdote escondido, que no podrá ser párroco y sencillo maestro, que no tendrá otra escuela que no sea su casa y sus montañas".
“La escuela es casa fundada en los cielos, en ella se entra con ojos cerrados y se sale con ellos abiertos; ven, no te quedes a la puerta”.
Ésta es la inscripción que se lee en un texto que tiene 4.500 años de antigüedad, una curiosidad de entre las muchas que reza una de las inscripciones mesopotámicas del IBO.
En la sede que el IBO tiene en Cistierna, en plena montaña leonesa, hay una escuela de verano para niños, donde estudian sumerio y despiertan su interés por la Historia desde pequeños.
Vídeo del cuentacuentos en lengua acadia realizado en la Escuela de Verano 2012 del Instituto Bíblico y Oriental de Cistierna (León, España):
Adapa y el viento del sur
El mito de Adapa
o por qué la Humanidad es mortal
Tablilla sumeria. Escritura cuneiforme
El mundo académico conoció por primera vez el Mito de Adapa y el viento del sur cuando se descubrió una tablilla cuneiforme en el archivo de el-Amarna, en 1887:
Adapa, el inventor del lenguaje, fue el primero de los siete sabios que su padre, Ea, dios de la sabiduría, envió pra instruir a la gente en el arte de vivir. Ea otorgó a Adapa una inteligencia superior a la de los mortales, pero sólo un período de vida limitado.
Adapa vivió con los humanos en la ciudad de Eridú y les enseñó a rezar y a rendir culto. Horneaba pan para la ciudad e instalaba la mesa de ofrendas con pan y agua. También era Adapa quien pescaba en las aguas que rodeaban la ciudad.
Diariamente, Adapa partía del embarcadero con un bote de pesca sin timón, y al no poder guiar el bote, se hallaba a merced de los vientos. Un día, el viento del sur se levantó y amenazó con hundirlo, pero Adapa le replicó:
-¡Por fuerte que seas, viento del sur, yo lo soy más!
Y Adapa maldijo al viento del sur y le quebró un ala.
Durante siete días, el viento del sur permaneció sin soplar. De modo que el dios del cielo, Anu, el más anciano e importante de los dioses, inquirió:
-¿Qué le ha ocurrido al viento?
-Mi señor -respondió su sirviente Ilabrat-, Adapa hijo de Ea, le ha roto un ala.
Anu, el dios del cielo, se levantó airado de su trono y ordenó que le trajeran a Adapa.
Ea aconsejó a su hijo que se acercara a Anu entristecido, con el cabelllo desordenado y las ropas desgarradas.
-Cuando llegues a la puerta del cielo -añadió Ea-, Tammuz guardará la entrada. Te preguntará por qué estás triste. Debes contestarle: "Estoy triste por ti." Él se reirá y te dejará pasar. Pero no aceptes el pan y el agua que te ofrezcan, ya que serán el pan y el agua de la muerte.
Adapa siguió el consejo de su padre. Tammuz le acompañó ante Anu, el dios del cielo, y habló en su favor. Adapa se humilló ante el gran dios y explicó que sólo había roto el ala al viento cuando éste le amenazó con una tormenta.
Anu le escuchó y le perdonó. Aun así, el corazón de Anu estaba afligido:
-¿Por qué Ea te envió con los infelices humanos a enseñarles las costumbres de los dioses? ¿Para que preocuparse por los humanos? ¡La vida de un hombre vale menos que el parpadeo del ojo de un dios! Acércate, Adapa, come y bebe el pan y el agua de la vida eterna.
Pero Adapa, pensando que Anu trataba de engañarle, rechazó el pan y el agua de la vida.
-Bien -dijo Anu-, tú mismo has elegido. Podrías haber vivido eternamente, pero ahora un día morirás.
De modo que Adapa regresó a Eridú con todo el conocimiento de la muerte. En realidad era su padre, Ea, quien le había engañado privándole de la vida eterna, pues sabía que los mortales son criaturas del tiempo, mientras que los dioses viven eternamente.
Por último, os dejo una conferencia sobre el dolor humano, impartida por
Francisco Torralba, profesor de la Universidad Ramon Llull de Barcelona y director de la cátedra Ethos de ética aplicada.
Escuela de verano del Instituto Bíblico y Oriental, en 2011.