¿Cuál es el valor de conservar y fortalecer este sentido de sobrecogimiento y de asombro, este reconocer algo más allá de las fronteras de la existencia humana?, ¿es explorar la Naturaleza sólo una manera agradable de pasar las horas doradas de la niñez o hay algo más profundo?
Yo estoy segura de que hay algo más profundo, algo que perdura y tiene significado. Aquellos que moran, tanto científicos como profanos, entre las bellezas y misterios de la tierra nunca están solos o hastiados de la vida. Cualesquiera que sean las contrariedades o preocupaciones de sus vidas, sus pensamientos pueden encontrar el camino que lleve a la alegría interior y a un renovado entusiasmo por vivir. Aquellos que contemplan la belleza de la tierra encuentran reservas de fuerza que durarán hasta que la vida termine. Hay una belleza tan simbólica como real en la migración de las aves, en el flujo y reflujo de la marea, en los repliegues de la yema preparada para la primavera. Hay algo infinitamente reparador en los reiterados estribillos de la naturaleza, la garantía de que el amanecer viene tras la noche, y la primavera tras el invierno.
Raquel Carso, El sentido del asombro
Belleza, siempre antigua, siempre nueva…
Santuario de la Virgen de la Velilla en la Montaña Oriental Leonesa.
A los pies de la montaña de Peñacorada, de 1.835 metros de altura se encuentra un Santuario, antiguamente una Ermita, llamada por su emplazamiento ''De Vallulis'' es decir Santa María de los Valles.
En sus proximidades, a partir del siglo XV se levantó el ''Santuario de Nuestra Señora de la Velilla''.
Aquí se estableció un monje que había escapado de la destrucción de su monasterio en Sahagún. Este famoso ermitaño se llamaba Guillermo. Todos los devotos de la zona se reunían en la Ermita para rezar ante el altar de la Virgen, hasta que se construyó el Monasterio de San Guillermo, del que aún se conservan unas ruinas con algunas piedras.
Al desaparecer los monjes, el culto a la Virgen de los Valles quedó muy abandonado, reduciéndose al mínimo, llegando hasta el olvido.
El año 1470 es el año del resurgimiento de la devoción a la Virgen, en el mismo lugar donde hoy se encuentra el Santuario. La tradición cuenta que fue Don Diego de Prado quien encontró la imagen de la Virgen de la Velilla y tomó la decisión de construir un altar.
Don Diego de Prado fue una persona histórica, real, hidalgo de La Mata de Monteado y emparentado con los Señores de la Casa de Prado, dueños y señores del Valle del Tuéjar.
El relato de la aparición de la Virgen entre escombros, en el mismo lugar donde se encuentra hoy el Santuario, cuenta que había unas ruinas de edificios antiguos llena de ortigas y otras hierbas y que Diego de Prado pretendía limpiar. Cavando encontró una imagen tan hermosa, tan bonita y tan dorada como si hubiera sido recién construida. La llevó a casa y la colocó en su Hórreo en un improvisado altar, donde la escondieron en secreto. Cuenta la leyenda que Diego de Prado empezó a perder toda su riqueza, animales, e hijos. Su mujer también enfermó y estaba tan grave que Diego se acordó de la imagen e hizo el voto de hacer una ermita en el mismo sitio donde apareció la imagen si su mujer mejoraba, y así fue. La construyeron de piedra seca, pequeña y cubierta de paja.
Don Sebastián del Blanco, ofreció que si salía como cura de la Mata, diría todos los sábados misa en la Ermita. Su petición se cumplió y empezó a decir misa todos los sábados creciendo el número de fieles empezando de nuevo la devoción.
Cada vez venían mas devotos y empezó a crecer el rumor de las curaciones y milagros que se realizaban. En 1615 era tanta la concurrencia de peregrinos y las limosnas, que se pudo empezar las obras de lo que hoy es el gran Santuario. La construcción del mismo se encargo a Domingo de Lastra, durando la obra completa casi un siglo.
El Santuario tiene una sola nave con crucero, cubierto por una bóveda de media naranja. A la cabecera del templo se encuentra el Altar Mayor, detrás el Camarín. A los pies, el coro y la torre octogonal. Frente a la fachada, sostenida por un fuerte muro de piedra, se encuentra una plaza donde se reúnen los peregrinos con una cruz en el centro de la misma. La fachada tiene un gran pórtico, y sobre la puerta principal del templo se encuentra una hornacina con la estatua de la Virgen Inmaculada. En la pilastra central se encuentra un reloj de sol, recientemente restaurado. En el oeste sobresale una bella torre octogonal, toda ella de piedra, rematada por una pirámide con aguja, bola, cruz y veleta. En esta torre está colocada la ''Última piedra''.
El interior del Santuario es de estilo renacentista. Los retablos e imágenes son de inspiración barroca. Tiene tres altares, el de la Capilla Mayor y otro en cada crucero. El retablo mayor es obra de Francisco de Uriarte, Maestro arquitecto y de Diego de Avendaño, maestro dorador. Tiene un magnífico sagrario con un altorrelieve policromado de la Resurrección. Sobre el Sagrario se abre un gran arco, que es donde estaba en principio la imagen de la Virgen. En el crucero sur está el Santo Cristo y en el norte la estatua de la Asunción de la Virgen, de estilo renacentista.
Detrás de la Capilla Mayor se encuentra el Camarín, rematado con una bóveda de media naranja adornada con figuras de ángeles, dragones, flores, etc. En el suelo, junto al altar de San Antonio, se encuentra el lugar donde se apareció la Virgen.
En 1979 fue robada la Virgen con casi todo su Tesoro del que solo quedaron la Cruz Procesional y los Cetros.
El llamado 'Banco más bonito de León’, junto la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, en Riaño, un asiento en el que se puede disfrutar de los más altos picos del valle, el agua del embalse y la tranquilidad y sosiego para descansar, reflexionar o sencillamente observar el rico entorno que nos ofrece Riaño.
El puente atirantado que aparece, "Puente Ingeniero Carlos Fernández Casado", cruza el embalse de Barrios de Luna (León) formando parte de la autopista Ruta de la Plata (AP-66). Fue inaugurado en 1983, siendo durante algunos años el puente atirantado con el vano más largo del mundo.
Lugar tantas veces visitado en la niñez con mis padres y hermanos, y de excursiones habituales en la adolescencia. Cuando era pequeña lo pasaba fatal al cruzarlo, me parecía que, en cualquier momento, el coche de mi padre podía caerse al Pantano. Manías.
Es maravilloso observar la gama de azules que proyecta el agua
Debido a la sequía que nos asola, éste es su estado actual en 2017. Se pueden apreciar los vestigios de los pueblos que fueron anegados por las aguas.
Otro de los pantanos en situación parecida es el pantano de Riaño, uno de los de mayor capacidad de la Comunidad de Castilla y León. Situado en una ubicación maravillosa, dentro del Parque Regional de los Picos de Europa., en la Montaña Oriental Leonesa.
La falta de lluvia y nieve del pasado otoño e invierno, unida a la pertinaz sequía actual, dan como resultado que se encuentre en los niveles más bajos de almacenamiento de su historia. Fue en 1987 cuando se cerraron definitivamente sus compuertas y comenzó a embalsar agua. Su construcción estuvo llena de controversias, se comenzó en 1965, pero diferentes reclamaciones y recursos hicieron que se prolongara durante más de veinte años.
Una majada es un paraje en medio del campo o de la montaña que sirve como refugio por la noche del pastor y de su ganado, durante las épocas del pastoreo y de la trashumancia, cuando ha pasado el invierno y se acerca el verano.
Un canal de vídeos magnífico y una canción, El molino, del grupo folk La Braña.
Canseco es un pueblo rodeado de montañas, en el límite con Asturias, situado en la Montaña Central Leonesa, perteneciente al ayuntamiento de Cármenes. comarca central de Los Argüellos.
En la parte mas alta de Canseco, ya en la montaña, esta la famosa cascada "la Fervenciona", como así la llaman los mas antiguos del lugar. Se accede a ella en coche, hasta la parte alta de la montaña, y luego se baja andando por una senda, que es todo un espectáculo.. Descendiendo por la montaña, baja un caudal de agua que cae en una profunda poza, formando la cascada.
En el verano, son muchos los que suben hasta ella para darse un refrescante chapuzón El paisaje es precioso, todo verde con la cascada cayendo al empedrado natural de rocas...
También nos encontramos con un bosque de hayas, El hayedo de Canseco, espectacular en otoño, por el que discurre el Regato del Monte Bodón, protagonista de este video.
El desfiladero de Piedrasecha, al norte de León, en la montaña occidental leonesa.
Encontré este vídeo y recordé la primera acampada de mi vida.
Fue durante el verano, al acabar el curso de COU, decidimos en la pandilla habitual realizar una excursión a este desfiladero, era habitual salir "de marcha" a recorrer alguna senda. Y, por primera vez (después de insistir e insistir), nuestros padres nos permitieron pasar la noche allí. Un grupo de doce, si no recuerdo mal. Los chicos de la pandilla eran expertos en marchas de montaña. Llegamos hasta allí en autobús, cargados con las tiendas, mochilas con provisiones, sacos de dormir, guitarras, piquetas y demás artilugios.
El recorrido lo iniciamos en el pueblo leonés de Piedrasecha, que se encuentra a 36 kilómetros de León. El autobús nos dejó junto a la carretera, en un ensanchamiento de la misma que se halla a la entrada del pueblo.
Comenzamos a caminar para buscar un sitio donde acampar.
Montamos las tiendas en una pendiente bastante pronunciada, al lado del río. Un lugar muy bonito aunque dificultoso para acampar. Nos gustó mucho y decidimos quedarnos allí. Una vez instalados, recorrimos el lugar, la llamada "Ruta de los Calderones".
Al inicio de la Ruta de los Calderones se encuentra esta ermita, donde se venera a la Virgen del Manadero, pues a sus pies hay una fuente por donde mana el arroyo de los Calderones en tiempo seco.
La ruta se inicia en Piedrasecha, para tomar después una vereda casi paralela al río. Al seguir avanzando, pronto se observa que el río ya no fluye en superficie, sino que su circulación es subterránea, fenómeno característico de los terrenos de naturaleza caliza. Así, se cruza todo el desfiladero, con paredes verticales, que en algunos puntos casi llegan a tocarse. El camino progresa sobre el antiguo lecho del arroyo, entre cantos rodados y marmitas gigantes. Cuenta un pastor que una vez, una corza perseguida por los perros, saltó de un lado a otro del desfiladero; así de angosto es el paraje.
Una ruta maravillosa y un lugar como de cuento.
Desfiladero de Piedrasecha
Regresamos al campamento y, al anochecer, encendimos fuego, preparamos la cena (asamos chorizos, compartimos embutidos y tortilla de patatas) y una "queimada" (bebida cuyos ingredientes principales son el aguardiente y el azúcar, a los que generalmente se les añade: corteza de limón o naranja). Comenzamos a cantar con las guitarras alrededor de la hoguera y a contar historias de miedo. Lo que no sospechábamos era el susto que llegaría después.
Y recuerdo especialmente una canción: "Compañeiro sei tocaire" y la risa que pasamos al cantarla. Al final, no sabíamos qué tocábamos: el tamborileiro, bocineira, pianola, violineira, zumbadeira, trianguleiro, guitarreira, instrumentos que se nombran en la canción.
No la había escuchado más, era muy habitual cantarla en la pandilla, nos la enseñó uno de los amigos, Luis, y ésta es la versión que cantábamos con la guitarra alrededor del fuego.
Nos fuimos a las tiendas tarde y, casi a punto de dormir, escuchamos aullar al lobo. Nadie se movía. En la tienda de las chicas sólo nos miramos, permanecimos en silencio, impresionaba. Desde la tienda de los chicos, Juan nos tranquilizó diciendo que los lobos no bajaban al valle durante el verano. Aulló de nuevo sólo una vez más. Nadie decía nada, aún recuerdo el susto, parecía encontrarse cerca.
Mi abuelo me había contado que una vez se encontró con uno de frente, y lo aconsejable era mantener la calma y no correr, el lobo se iba si no estaba hambriento. Pero la impresión era tan tremenda que hasta el vello se erizaba, como escarpias. No dije nada, no era cuestión de asustarnos más. Aunque pensaba en las palabras de mi abuelo: "si no estaba hambriento"...
Nos fuimos quedando dormidos. No aulló más.
Al amanecer, despertamos y escuchamos acercarse pisadas de animales. Lo primero que pensamos fue que venía ¡el lobo!!! Al principio, nadie se movió. Al cabo de un tiempo, reaccionamos. Decidimos salir a mirar.
Salimos y respiramos, se acercaba un pequeño rebaño de ovejas, y escuchamos lo que nos pareció en aquel momento un maravilloso sonido, ¡beeeeee!!! Daban ganas de abrazarlas a todas. ¡No era el lobo!!!
Algunas piquetas de las tiendas se habían desclavado, ni sé cómo permanecían sin desplomarse.
Nos fuimos al río, que se encontraba bajando la pendiente desde el campamento, en medio de la risa y la algarabía. Recuerdo el agua muy transparente, cristalina. Pero el recuerdo más vivo es la risa que pasamos cantando: "Compañeiro sei tocaire, compañeiro qué sabes tocaire..." racataplán y racataplán... Una pandilla encantadora. Éramos distintos y, sin embargo, parecidos en la forma de entender la vida. Cuando comenzamos la universidad, nos dispersamos más, pero alguno de ellos formó parte de la tuna de Medicina de Oviedo, y allí seguía con su guitarra y tan "salao" como siempre. Nos volvimos a encontrar. Y hoy todavía nos vemos y mantenemos la amistad. Cuando contamos en casa el episodio del lobo, se acabaron las acampadas por una buena temporada. No demasiado tiempo, siempre se nos ocurrían nuevas rutas, nos encantaba. Y bailar, cantar, hablar. Nunca más lo he escuchado aullar. Me contó un amigo de Villamanín que antaño, cuando las nevadas eran más copiosas, era habitual que los lobos bajaran al pueblo en busca de alimento, él los vio algunas veces desde la ventana pasear. Ahora, ya no aparecen.
Un documental sobre el lobo ibérico en las montañas del norte de España, con el aullido, dice que hiela los corazones.
Cuenta la leyenda que la mirada del lobo paraliza, impide correr, helando la sangre de sus víctimas.
Tal como me contó mi abuelo materno, no es cierto, lo mismo que se comenta en el vídeo, pero sí que se eriza el vello como escarpias; aún recuerdo su gesto al decírmelo, era muy expresivo, escuchaba muy atentamente sus relatos, interesantes, detallados, sosegados, recorrió frecuentemente estas montañas, las conocía bien.
Setas, hayedo de Tronisco. Montaña Oriental Leonesa
Un estrecho sendero rodeado por un profundo bosque,
es de noche en las montañas.
Las hojas de otoño ya han caído.
No hay lluvia, pero las rocas están cubiertas de musgo.
Volviendo a mi ermita, por un camino que pocos conocen,
con una cesta de setas frescas
y un cántaro de agua pura del pozo del templo
De noche, en las profundas montañas
me siento a meditar.
Los asuntos de los hombres
nunca llegan aquí.
Todo está tranquilo y vacío,
todo el incienso se lo ha llevado
la noche infinita.
Mi vestido es ahora un manto de rocío.
Sin poder dormir, salgo a pasear a los bosques.
De repente, sobre el monte más alto,
aparece la luna llena
Cuando todos los pensamientos
se extinguen
me deslizo en los bosques
y recojo
pan y quesillo.
Como el pequeño río
que sigue su camino
entre piedras con musgo,
yo también, en silencio
me vuelvo claro y transparente
Durante más de setenta años
no he dejado de marearme
al observar a los hombres;
he cesado de intentar entender
lo bueno y lo malo de sus acciones.
Andar siempre especulando
es un signo de debilidad.
Nieve profunda
en la noche profunda.
Bajo la ventana
golpeada por el tiempo,
una barra de incienso
Ryokan
Un vídeo ¡precioso!
Una ruta para el otoño. Se trata de adentrarnos en el hayedo de Tronisco, en las inmediaciones de Cofiñal, en la Montaña Oriental Leonesa y, de paso, coronar la modesta peña Fontasquesa, con excelentes panorámicas sobre los valles de Lillo y Valdeburón.
El itinerario se inicia en la localidad de Cofiñal, donde tomamos la carretera del puerto de las Señales durante unos 800 metros, para coger una pista a la derecha, que nos adentra en el hayedo de Tronisco.
Tras disfrutar de un bucólico bosque de hayas, el camino nos conducirá hasta la collada Fontasquesa.
Una ruta bastante apropiada para la primavera y para esta época otoñal.
En pleno corazón del Parque Nacional de Picos de Europa se encuentra la Ruta del Cares, también conocida como “La Garganta Divina”. Esta ruta, que transcurre tallada en la roca entre las localidades de Poncebos (Asturias) y Caín (León), es una de las más bellas y espectaculares que se pueden realizar en toda Europa y, sin duda, en España.
El principal atractivo de la ruta, y el motivo por el que se ha ganado el sobrenombre de “La Garganta Divina”, es que trascurre a través de una desfiladero que acompaña en todo momento el río Cares, de donde toma el nombre. Este hecho, unido a que la ruta haya sido excavada en la piedra caliza del citado desfiladero, le otorgan una belleza y una singularidad que resulta difícil de encontrar en otros lugares.
El resultado es un camino de 12 km de largo que va siguiendo el río Cares desde Caín, en León, hasta el lugar de Poncebos, en el Concejo de Cabrales en Asturias.
El desfiladero del Cares
A lo largo del desfiladero contemplaremos paisajes espectaculares creados por cortadas vertiginosas. La parte más espectacular es una vez hemos salido de Caín donde pasaremos por unos estrechos túneles rodeados de agua por todas partes.
Después, veremos los famosos puentes del Bolín y el de los Rebecos y acabaremos el trayecto en Poncebos, donde veremos el acceso que han creado para que los salmones puedan subir el río y salvar el desnivel.
La Ruta del Cares es una senda quizá demasiado transitada, sobre todo en los meses de verano. Lo mejor, si se puede, es realizarla en meses donde el turismo sea menor, como al final de la primavera o a partir de septiembre.
Hace tiempo que no dedico un sábado a la Virgen, se entiende que me refiero al blog porque en lo personal me enseñaron desde niña que este día de la semana era "mariano" al cien por cien, así pues hoy el post va por Ella
Y Ella, en esta ocasión. es la Virgen de Roncesvalles, conocida también como la Reina del Pirineo, zona donde guardan una gran devoción a esta Reina y Madre ubicada en el presbiterio de la iglesia gótica de Roncesvalles.
Se trata de un santuario mariano muy visitado, ya que se encuentra en el comienzo del Camino de Santiago y son muchos los peregrinos que siguen hoy arrodillándose ante la imagen.
Su valor artístico es notable, es una talla de madera recubierta de plata, gótica de mediados del siglo XIV. Esta obra es francesa, llevada a cabo en Toulouse. A través de la imagen se desprende esa cercanía y espíritu de familia característica del gótico. En los rostros de la Madre y el Niño se adivina el calor y la dulzura de una relación humana y natural.
Al estar la imagen recubierta de plata, la vestimenta de los dos trasluce su rico atuendo con filigrana y pedrería.
En torno a esta Reina del Pirineo surgieron muchas leyendas, llegándo a ser considerado el santuario como un lugar mágico.
Parece ser que hubo una iglesia anterior del siglo XIII, pero no se ha podido contrastar. La actual fue construida por encargo de Sancho VII, el Fuerte., entre los años 1194 y 1234, para su lugar de enterramiento.
Es un breve relato sobre esta preciosa imagen de Santa María de Roncesvalles que leí el mes pasado en una hojita de calendario, hoy lo recordé y me gustó compartirlo para este "Sábado del Rosario Bloguero", terminando el mes de agosto.
Monasterio de San Pedro de Montes. Valle del Silencio (El Bierzo. León)
Uno de los lugares más bonitos que he visto, por su belleza natural, la paz que se encuentra y los lazos afectivos que me unen con la subida a la cueva de san Genadio, entre cerezos, y con el Monasterio de San Pedro de Montes.
El silencio que da nombre al valle, solo se ve de vez en cuando quebrado por los trinos de los pájaros o por el apacible discurrir de un pequeño manantial.
El Valle del Silencio es un valle situado a los pies del pico Aquiana, en los montes Aquilanos, en el Bierzo (León).
Se le conoce como la Tebaida leonesa, lejos del mundanal ruido. Desde antiguo, ha estado aislada debido a lo agreste del terreno y las dificultosas vías de comunicación. En ella se establecieron, a partir del siglo IV, numerosos de los primeros ermitaños cristianos que buscaban el retiro para dedicarse a la oración y la meditación.
El nombre "Tebaida" proviene de la comparación con la zona geográfica del Alto Egipto donde, junto con Siria y Capadocia, surgió la tradición cenobítica oriental, y se la debemos a la descripción que el Padre Flórez hizo de El Bierzo en su obra "España Sagrada":
"Ninguno mejor puede competir con la Tebayda y con los más Santos Desiertos de Palestina. La multitud de Santuarios la santidad de Eremitorios, los muchos Anacoretas, los Monges que sobresalieron en victorias del mundo, solo podrá contarlos el que sabe las estrellas del Cielo".
Entrar en este valle, es adentrarnos en un espacio de silencio, donde el tiempo parece haberse detenido para encontrarnos con un paisaje virgen. Antes de comenzar la ruta, se atraviesa el valle del Oza, que sirve de antesala a la maravilla que nos espera. Siempre avanzamos por carreteras llenas de encanto, entre bosques y con el refrescante sonido del río.
Peñalba de Santiago
Peñalba de Santiago es el pueblo más importante de este valle; una pedanía perteneciente a Ponferrada con tan sólo 21 habitantes, que goza de un emplazamiento sin igual, en plenos Montes Aquilanos. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 2008.
Peñalba fue fundada en torno a una peña, que le otorgó su nombre, por una comunidad de frailes seguidores de san Genadio, un ermitaño que, después de ser obispo de Astorga, se retiró en el siglo X a estas montañas para meditar en silencio.
Paseo subida a la cueva de san Genadio
Cueva de san Genadio
Según la leyenda, se dice que recibió el nombre de Valle del Silencio, porque san Genadio, meditando en su cueva, oía el murmullo del río y no le dejaba concentrarse. Le dijo: "Cállate", y el río enmudeció hasta convertirse en aguas subterráneas.
Este santo meditaba largas horas en su cueva natural, uno de los lugares con mejores vistas al valle.
Iglesia Santiago de Peñalba
El pueblo tiene un encanto muy peculiar, con calles empedradas y casas de piedra con tejados de pizarra. En él encontramos la iglesia de Santiago, una joya de estilo mozárabe del siglo X, declarada monumento histórico-artístico en 1931.
De lo más impactante es su puerta de acceso, con un doble arco de herradura, sustentado por tres columnas de mármol, y capiteles decorados con motivos vegetales.
Santiago de Peñalba. Capilla oriental
En el interior, se encuentran diversos arcos de herradura, y uno de ellos divide la nave en dos. Aun se conservan restos de pintura mural dentro del templo. La influencia mozárabe se observa en el arco de acceso a esta capilla, la oriental, que simula la entrada al mihrab de una mezquita, recubierto por un alfiz, elemento característico del arte musulmán.
San Genadio fue enterrado en ella, al igual que uno de sus seguidores, Urbano.
San Clemente de Tahull es uno de los nueve templos románicos del Valle de Bohí, en el Pirineo catalán, protegidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.
Una de las más bellas iglesias románicas que conozco.
Un magnífico estudio de los frescos de esta Iglesia, impactantemente bellos y profundamente conmovedoras obras de arte.
Campanario románico de la iglesia san Clemente de Tahull, Lérida (Siglo XII)
“Una Iglesia debería de tener una torre o una espadaña, aunque no sean muy altas. Porque todo templo es un puente entre la tierra y el cielo. Y la manera más intuitiva de representarlo es mediante el campanario, la torre; esa dimensión vertical me parece imprescindible”.
(“Escritos sobre arquitectura religiosa contemporánea” de Esteban Fernández-Cobián.)
Es el tiempo de los narcisos, llamados también en la Montaña Oriental Leonesa, capilotes, grindallas, liras, lirones y guirnaldas. Flores de mayo.
No son muchos los que saben que el capilote, el narciso, es una especie casi exclusivamente leonesa. Propia del clima de ciertos espacios de la Cordillera Cantábrica, ya su nombre técnico delata esa práctica exclusividad. Formalmente se denomina Narcissus pseudonarcissus subsp.leonensis y fue 'descubierta' o descrita por primera vez en torno a 1933 por el botánico inglés Herbert William Pugsley, algo que después rescataron los autores españoles Francisco Javier Fernández Casas y J.M. Lainz en 1984.
Narciso. Caravaggio
El nombre oficial de la planta y su flor, narciso, se le relaciona con el mito clásico del hermoso joven que despreciaba el amor y que no era otro que Narciso.
Este mito se halla recogido en diversas fuentes de la literatura clásica, y referido de diferentes maneras. El relato más famoso y conocido es el de Ovidio en sus Metamorfosis (III, 3):
La ninfa Liríope (de donde habría nacido, según la mitología, la palabra lirio) fue aprisionada por el río Cefiso entre sus eses y violada. De esa relación nació un bello niño, que desde su nacimiento fue amado por todas las ninfas. Se le puso por nombre Narciso.
Su madre acude al adivino Tiresias para preguntarle por el destino de su hijo y este le contesta: «Vivirá mucho si él no se ve a sí mismo».
Creció Narciso y se convirtió en un bello efebo, deseado de hombres y mujeres, pero él a todos rehusaba.
Estando de caza, fue sorprendido por la ninfa Eco, que se enamoró de él y pretendió gozarlo. Narciso huyó rechazándola. Entonces Eco formuló el siguiente deseo: «Ojala que él, cuando ame como yo amo, se desespere como yo».
Su ruego fue atendido por Némesis, diosa de la venganza.
Encontrándose en un hermoso valle, Narciso llegó a una fuente que nunca había sido ensuciada. Se tumbó para beber y Cupido le clavó por la espalda su flecha. Al instante, al ver reflejada en la fuente su rostro, creyó que era de un ser real diferente de sí mismo. Se enamoró de él. De un vano fantasma. Al darse cuenta, poco a poco fue enloqueciendo. El ardor lo consumía. En unos pocos minutos se produjo la metamorfosis: de Narciso solo quedaba una bella flor al borde de la fuente, que se seguía contemplando en el espejo sutilísimo. A dicha flor se le puso por nombre narciso.
Este, antes de morir, quiso despedirse de Eco diciendo: «Objeto vanamente amado… adiós». La ninfa le responde y va repitiendo por valles y por montes «adiós».
Narcisos. John William Waterhouse
Narciso
Tu olor.
Y el fondo del río.
Quiero quedarme a tu vera.
Flor del amor.
Narciso.
Por tus blancos ojos cruzan
ondas y peces dormidos.
Pájaros y mariposas
japonizan en los míos.
Tú, diminuto y yo, grande.
Flor del amor.
Narciso.
Las ranas, ¡qué listas son!
Pero no dejan tranquilo
el espejo en que se miran
tu delirio y mi delirio.
Narciso.
Mi dolor.
Y mi dolor mismo.
A 1.309 m. de altitud, bajo el pueblo de Valporquero (Municipio de Vegacervera), el corazón de la montaña leonesa abre una inmensa boca por la que, acompañados de un cristalino arroyo, se descubre una maravilla subterránea. Caminos, puentes, escaleras y multitud de focos nos acompañarán durante 1km.de recorrido, permitiéndonos admirar la gran obra de arte que la naturaleza ha ido modelando durante más de un millón de años. Estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas de diferentes brillos y colores se suceden a lo largo de siete salas visitables. Un guía nos indica, con todo lujo de detalles, las particularidades de cada formación: Estalactitas, estalagmitas, coladas o las columnas y como se formaron a través de corrientes de agua subterráneas que excavaron las cavernas y formaron las simas a través del subsuelo.
Hace más de un millón de años, en el Pleistoceno de la era Cuaternaria, cuando apenas el hombre había iniciado su andadura sobre la tierra, las frías aguas del arroyo de Valporquero empezaron a colarse a través de los poros, fisuras y grietas de la roca caliza disolviendo sus entrañas lenta y tenazmente. Se abrió el corazón de la montaña leonesa para descubrir esa increíble maravilla natural. Maravilla que es todavía más espectacular en primavera e invierno, con el deshielo y las lluvias que llenan el arroyo formando cascadas y rápidos que penetran atronadoramente en la cueva provocando en ella, una ensordecedora sinfonía al correr el agua por dentro de sus salas. Han tenido que pasar años, siglos y milenios para que la naturaleza nos mostrara el fantástico mundo subterráneo que fue modelando sabia y pacientemente.
Lago
La Cueva de Valporquero posee dos niveles principales de galerías, un nivel superior habilitado perfectamente para la "Visita Turística" durante 1 Km. de recorrido hasta la sala de Maravillas, y un nivel inferior o "Curso de Aguas", de visita espeleológica y de aventura, que durante unos 2 Km. atraviesa la montaña hasta las espectaculares Hoces de Vegacervera.
Formación denominada Virgen con el Niño
Una enorme boca de cueva inicia el recorrido hacia una completa visita al mundo subterráneo. La belleza de "Pequeñas Maravillas", las descomunales dimensiones de la "Gran Rotonda" (100.000m3 con 20 metros de altura), la interminable longitud (200m.) y altura de "Gran Vía" unos cuarenta metros, o las oscuras y profundas simas de unos 50 m. de vacío en la "Columna Solitaria", van fijándose en nuestras retinas hasta desembocar y enfocar finalmente en la sala "Maravillas" con miles de puntiagudas estalactitas en una auténtica catarata de color. Con multitud de variedades de estalactitas, abanderadas, espeleotemas, excéntricas, macarrones, además de las estalagmitas. Todo ello a través de cómodos caminos, puentes y escaleras, y con una iluminación artística con más de 2.000 puntos de luz.
Ya en el exterior, un impresionante entorno natural de la Cordillera Cantábrica dibuja en la zona de Valporquero verdes valles, altas cumbres, crestones calizos, angostos desfiladeros, transparentes ríos y densos bosques de robles, hayas y avellanos. Pueblos de montaña, piedra gris y teja roja, fuentes de caño y viejos campanarios coronados de cigüeñas, dan la bienvenida al olor de una rica gastronomía de potajes, caza, pesca y típicos embutidos y quesos artesanales.
Naturaleza virgen y entorno abrupto de altos pastos y profundos cauces, de aire limpio y quietud perpetúa Las Hoces de Vegacervera y Valdeteja, los puertos de Piedrafita y Vegarada, el Valle del Marqués o un simple paseo por las dolinas y hayedos hasta la Atalaya de la Cueva de Valporquero, confortan el espíritu y asombran la vista. Si alguno tenéis oportunidad de visitarlas, no lo dudéis ni por un instante.
La famosa formación llamada el Fantasma
Recomendaciones generales para la visita; llevar ropa de abrigo y calzado apropiado para ello, puesto que la cueva tiene una temperatura de tan sólo 7º que pueden llegar a ser 4 o menos dependiendo de la época de visita, y llegando la humedad casi al 100%. Está prohibido terminantemente comer o beber dentro de la Cueva, ya bastante contaminamos con nuestros paseos por ella y las luces que nos lo facilitan. Ni se os ocurra, tocar nada, nos cargaríamos años de trabajo de la naturaleza y privaríamos a nuestros sucesores de disfrutar de esta maravilla natural. Se permite sacar fotos, pero sin trípode y sin flash. No se pueden usar videocámaras. Las entradas se pueden sacar en la taquilla antes de entrar. Os recomiendo la visita especial que es la que hice yo, la diferencia de precio vale la pena.
Una explicación muy completa que nos hace el autor del vídeo.
Son las más grandes de España, “que se pueden visitar en su totalidad”, según los guías.
Por algo se la denomina la Catedral del subsuelo
Descenso del río subterráneo que formó la Cueva de Valporquero, atravesando el corazón de la montaña en un recorrido que mezcla la diversión del barranquismo con el misterio del mundo subterráneo lleno de cascadas, lagos, saltos, rápeles y toboganes.
Se desciende en grupos de 6-12 personas acompañados en todo momento por los guías...