"...Y allí arriba, en la soledad de la cumbre, entre los enhiestos y duros peñascos, un silencio divino, un silencio recreador..."(Miguel de Unamuno)


sábado, 22 de julio de 2017

Sananita de Dios ...





Mariquitas (sananitas)



Una canción que me enseñó mi abuela Rosa:


Sananita de Dios,
cuéntame los dedos 
y vete con Dios.






Alabado sea Dios.







lunes, 10 de julio de 2017

Mi jardín





Autor desconocido



"Mi jardín me brinda una certeza mayor que cualquier sistema filosófico. Es suficiente observarlo para comprender que allí ocurren cosas absolutamente diferentes de las que percibimos. Como, por ejemplo, el diálogo cósmico que se produce entre la tierra y el sol durante la floración, que puede implicar en lo profundo nuestro ánimo sin que haga falta incomodar a un más allá. La poesía puede ser suficiente, porque nos pone en el estado de ánimo adecuado".

Ernst Jünger 











viernes, 30 de junio de 2017

Un cuco




Puerto de Aralla
Fuente



Antes de que el cuco deje de cantar ...


Le pregunté a un cuco pensativo:
"¿En qué piensas?".
Me respondió:
"En nada. Estoy pensando".
¡Cuánto sentí haberle interrumpido!

 José Jiménez Lozano


El canto del cuco  anuncia la primavera, y deja de cantar al final de junio. 

Si el cuco no canta
el 15 de abril,
es que está malito
o se va a morir.



Muy perspicaz el cuco en este otro poema de Jiménez Lozano:


Silencios místicos

Llegó el místico a un punto,
en el que ya no le servían las palabras, dijo.
No me vengas con cuentos,
respondiole el cuco.
Con una sola de ellas,
creó Dios el mundo.






A partir del minuto 3:30 Amancio Prada habla del cuco, recordando las palabras de Rafael Sánchez Ferlosio (Chicho).


Jugando al escondite, la conocida canción en la que el cuco nos quitaba el miedo. (Rosa León).







lunes, 29 de mayo de 2017

Árbol y alma ...




Tejo milenario en el bosque de Brañaronda. Valle de Laciana (León)



Y quedamos así, árbol y alma,
con mi mejilla hundida en tu madera.
Yo desnuda de tiempo, de memoria,
me cobijé en tu templo,
tú me ofreciste la savia de la vida.
!Qué inmenso abrazo!
Se desprendieron solos mis alambres,
encontraron raíces mis quejidos. El aire
me devolvió el aliento.
El sol detrás, retenía las horas.
Y mirando Dios,
llenó mis ojos,
y nos cubrió de lluvia.

Pilar Aranda





Un paseo por El Faedo, bosque de hayas en Ciñera de Gordón (León)





miércoles, 26 de abril de 2017

La nieve ardía





Siluetas de Las Tres Marías desde Villamanín.
Foto tomada de la Red


No fue un sueño,

Lo vi:

La nieve ardía.


Ángel González






Cuando Todo es Uno
y cuando Uno es Todo,
cuando llega la hora interior,
se inspira la luz
y se espira una lumbre gozosa.
Entonces, amor se inflama
y oímos los silencios de fuego.

Antonio Colinas, La hora interior, de Silencios de fuego.






Silencio de nieve

Ante postura amorosa,
ante paciencia rebelde,
silencio de nieve.
Ante mi entrega diurna,
ante mi herida reciente,
silencio de nieve.

Cuando grito la injusticia,
silencio de nieve.
Cuando grito que te quiero,
nadie me entiende.

Llamo al amor por su nombre
llamo a la puerta de enfrente;
no me importa que me queme,
llamo a tu llama,
silencio de nieve.




Hoy, ha nevado en Villamanín ...





domingo, 16 de abril de 2017

Árbol





Haya. Bosque El Faedo. Ciñera de Gordón



Creo que nunca encontraré un poema
que sea tan hermoso como un árbol.

Un árbol cuya hambrienta boca aprieta
el abundante pecho de la tierra;

que pasa el día contemplando a Dios
y alzando en oración frondosos brazos; 

un árbol que, quizá, en verano adorna
con leves petirrojos sus cabellos, 

en cuyo pecho se apoyó la nieve,
que vive enamorado de la lluvia. 

Los tontos como yo hacemos versos,
mas sólo Dios puede crear un árbol.

Joyce Kilmer


¡Feliz Pascua de Resurrección!





miércoles, 29 de marzo de 2017

Tratado de los ríos





"...  (hay ríos tan humildes que nadie los ha visto,
que a ninguno le suenan si se dice su nombre.
Son poco populares, pero viven felices
con cuatro o cinco vacas y un niño y una estrella)."



Río Bernesga a su paso por Villamanín



Hay ríos perezosos que miran el paisaje,
que pasan distraídos porque no tienen prisa;
van viendo escaparates de la naturaleza
como si no marcharan hacia ningún destino,
como si el mar, paciente, no estuviera esperándolos.
Ejemplo: el Mississipi, en Estados Unidos
(ya los mismos meandros de su nombre ya lo dicen).

Hay otros que trabajan: son ríos carboneros
o ríos molineros o cavan en las minas.
Unos llevan las aguas cansadas y van lentos;
otros muy ocupados, activos, incansables.
Pero todos van siempre manchados del trabajo
(tienen un nombre como Nervión, que suena recio).

También los hay salvajes como grandes serpientes.
Ejemplo: el Amazonas, que repta por la selva
y acaricia su hondo corazón de esmeralda
y las piedras que duermen agrupadas en tribus.

Hay ríos orgullosos que exhiben sus cascadas
y salen retratados en todas las revistas.
Yo no nombro ninguno porque no son sencillos.



Río Bernesga a su paso por Ciñera de Gordón


Sí nombro al Almofrey, que corre en mi recuerdo
(hay ríos tan humildes que nadie los ha visto,
que a ninguno le suenan si se dice su nombre.
Son poco populares, pero viven felices
con cuatro o cinco vacas y un niño y una estrella).

Hay otros infinitos, solemnes, como dioses.
Estos son poderosos y a veces justicieros.
Gobierna sobre todos el Viejo Padre Nilo.


Río Bernesga en León


También hay en el mundo ríos municipales.
El agua, cuando pasan, murmura en muchas lenguas,
pero nunca les canta, no sé por qué motivo.
Marchan correctamente, prudentes, algo tristes,
obedecen las leyes que les ponen los hombres
y se humillan y pasan debajo de los puentes.
El Támesis o el Sena son ríos de esta clase.

Y los hay aldeanos que no salen del campo.
Aunque sólo conocen su dialecto nativo
entienden de cosechas y de flores sedientas
como aquel Miño verde, tan viejo y resignado.

Hay otros que son tristes como una despedida,
como un amor perdido, y llevan lentamente
sus aguas de nostalgia: el Volga, por ejemplo.

Y otros son tan alegres que parecen de niños.
Incluso muchas veces resuenan como risas.
No tienen nombre fijo: los bautiza el que pasa.

Y hay ríos que son ciegos viviendo bajo tierra.
Son los ríos secretos que nunca vemos (éstos,
éstos son los más tristes porque no tienen nombre
y por eso no puedo mencionaros ninguno).

Y con esto se acaban las familias fluviales
y si os hablan de metros o litros, no hagáis caso:
eso es todo mentira. Escuchad solamente
las cosas sin sentido, las cosas imposibles.
                  que os digan los ríos.


Miguel d'Ors, Clases de ríos II, de El misterio de la felicidad.