Me fui al bosque de avellanos,
pues dentro ardía mi mente,
y corte y limpié una vara
y enganché una baya a un hilo;
y mientras volaban las polillas blancas
y las estrellas como polillas titilaban,
arrojé la baya a una corriente
y capturé una pequeña trucha de plata.

Cuando la hube dejado en el suelo,
fui a encender el fuego,
pero algo crepitó
y alguien me llamó por mi nombre:
se había convertido en una muchacha de tenue brillo
con flores de manzano en su cabello,
que me llamó por mi nombre y corrió
y se desvaneció en el aire que aclaraba.

Aunque he envejecido vagabundeando
a través de hondonadas y montañas,
descubriré dónde se ha ido,
y besaré sus labios y le tomaré sus manos;
y caminaré sobre hierbas de colores,
y recogeré, hasta el fin de los tiempos,
las manzanas plateadas de la luna,
las doradas manzanas del sol.
William Butler Yeats
pues dentro ardía mi mente,
y corte y limpié una vara
y enganché una baya a un hilo;
y mientras volaban las polillas blancas
y las estrellas como polillas titilaban,
arrojé la baya a una corriente
y capturé una pequeña trucha de plata.
Cuando la hube dejado en el suelo,
fui a encender el fuego,
pero algo crepitó
y alguien me llamó por mi nombre:
se había convertido en una muchacha de tenue brillo
con flores de manzano en su cabello,
que me llamó por mi nombre y corrió
y se desvaneció en el aire que aclaraba.
Aunque he envejecido vagabundeando
a través de hondonadas y montañas,
descubriré dónde se ha ido,
y besaré sus labios y le tomaré sus manos;
y caminaré sobre hierbas de colores,
y recogeré, hasta el fin de los tiempos,
las manzanas plateadas de la luna,
las doradas manzanas del sol.
William Butler Yeats
Imágenes: El bosque de El Faedo
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