"...Y allí arriba, en la soledad de la cumbre, entre los enhiestos y duros peñascos, un silencio divino, un silencio recreador..." (Miguel de Unamuno)


miércoles, 22 de agosto de 2012

Noche serena









Oda VIII: Noche Serena

                                                                                 A Don Loarte

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
Loarte y digo al fin con voz doliente:

«Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, escura?

¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que, de tu bien divino
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido?

El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando;
y, con paso callado,
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.

¡Oh, despertad, mortales!
Mirad con atención en vuestro daño.
Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
¿podrán vivir de sombra y de engaño?

¡Ay, levantad los ojos
aquesta celestial eterna esfera!
burlaréis los antojos
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.

¿Es más que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
con ese gran trasunto,
do vive mejorado
lo que es, lo que será, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,
su movimiento cierto
sus pasos desiguales
y en proporción concorde tan iguales;

la luna cómo mueve
la plateada rueda, y va en pos della
la luz do el saber llueve,
y la graciosa estrella
de amor la sigue reluciente y bella;

y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Júpiter benino,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;

rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;
tras él la muchedumbre
del reluciente coro
su luz va repartiendo y su tesoro:

¿quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira
y rompe lo que encierra
el alma y destos bienes la destierra?

Aquí vive el contento,
aquí reina la paz; aquí, asentado
en rico y alto asiento,
está el Amor sagrado,
de glorias y deleites rodeado.

Inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece.

¡Oh campos verdaderos!
¡Oh prados con verdad frescos y amenos!
¡Riquísimos mineros!
¡Oh deleitosos senos!
¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!»


Fray Luis de León



 


6 comentarios:

  1. Me ha encantado leer de nuevo a Fray Luis, un gran poeta y fraile agustino, que supo remarcar su poesía ascética con el deseo del alma de ver a Dios.
    Gracias
    Con ternura
    Sor.Cecilia

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, sor Cecilia, es un placer leerla y escucharla.
      Un beso.

      Eliminar
  2. Precioso, Rosa. Esta oda me ha recordado a san Juan de la Cruz.

    Espero que el fuego que ha arrasado estos día León no impida poder contemplar muchas noches claras como esta.
    ¡Gracias!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Totalmente de acuerdo con lo que dices de san Juan de la Cruz.
      El incendio ha sido una verdadera catástrofe. Daba miedo mirar al cielo, encapotado y un sol rojo asomando, nunca había visto nada igual, estremecía, llovía ceniza. Parece que ya está controlado.
      Es increíble el daño que se puede hacer sin ningún reparo. Muchas familias dedicadas a la resina y a los colmenares se han visto privadas de su medio de subsistencia, por no hablar del daño ecológico. Horroroso.
      Un besazo.

      Eliminar
  3. Hola Rosa he llegado hasta aquí y me gusta lo que he visto, me gustaría quedarme con tu permiso.
    Te invito a mi rincón.
    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Maribel, por tu visita y tu amable comentario.
      Encantada de que te quedes, pasaré a visitarte.
      Un beso.

      Eliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.